viernes, 18 de octubre de 2013

JD

Las canciones de Jorge son así, inteligentes pero no por eso densas y abrumadoras. Parte de su talento es ese, que nos parezcan espontáneas y frescas. Escucharlo cantar es como si estuvieran saliendo de su cabeza/boca por primera vez. Tanto sus anécdotas como sus letras están cargadas de humor, sin ser cómicos. Ve la vida como la hace un niño que no deja sorprenderse y cuestiona todo a su alrededor.
(...)
En una entrevista Jorge compara el proceso de creación como el acto amoroso, dice que si no termina una canción después de haberla comenzado es como un “coitus interruptus”. En cambio, una vez terminada “es una intensa sensación placentera, de enorme gratificación y de contacto con lo divino”. Yo no dejo de pensar con esa analogía que vendría a ser este proyecto de la aplicación que es un proceso infinito, inacabado e inacabable y además colectivo…
Jorge invitó a cuatro personas del público a interactuar con él en el escenario e interpretar Habitación 316. Les fue provisto un tablet para que pudieran ir creando la canción con Drexler. La aplicación se llama n, que representa el número infinito de posibles variantes que pudiera dar la la canción, un numero mayor que el de granos de arena en la playa, según el mismo compositor. La probabilidades de que se repita la canción que esos 4 voluntarios crearon esa noche es de 0%. O sea, que ya de por si un espectáculo de Drexler que ya es único, con esto lo es con todavía más.
El es médico, músico y un poco matemático. Sus composiciones están llenas de amor sin ser cursis, de carga social sin ser proselitista, de espiritualidad sin ser religioso, de humor sin ser cómico, de respuestas pero mucho más preguntas. En corto, Jorge Drexler es un hombre sincero, sin cero y sin infinito.

domingo, 13 de octubre de 2013

Dicen que cuando hay amor no hace falta pedir perdón, pero yo ya pedí perdón tantas veces. 
Todo lo que termina, termina mal, poco a poco y si no termina se contamina más y eso se cubre de polvo.