A Paula le empezó a entrar como un cansancio. Algo le decía que la pelea de ayer con Fabián no había sido como tantas otras. No era un desacuerdo, no era un reproche, era... como una desilución. Por primera vez había sentido que Fabián estaba como a mil kilómetros de distancia, con la cabeza en otro lado, extraño, indiferente. Nunca, ni siendo los novios ni siendo amigos, había sentido eso. Anoche, de repente, Fabián era un desconocido y ella buscaba al Fabián de siempre, y no lo encontraba. Lo que sentía era doloroso y estaba segura de que no se resolvía pescando a los chicos en una mentira. La verdad, le daba lo mismo.
[...]
Mientras miraba las hojas sin verlas, pensaba: "¿Todos los chicos serán iguales, como dice Miriam...? No creo. Nosotras no somos todas iguales, aunque a veces reaccionemos parecido. Fede no es igual a Fabián y ninguno de los dos es igual a Josecito. No podría estar con Josecito ni cinco minutos. Es re buen pibe, pero es un plomo. Y tampoco podría estar con Fede. Con el único que podría estar es con Fabián. Error. Con el único que estuve en toda mi vida fue con Fabián. No sé cómo sería salir con otro chico. No me lo puedo imaginar. Fabían es mi novio, pero también es mi amigo. ¿Cómo será tener un novio que nunca haya sido amigo antes? ¡Ay, no, debe ser horrible! Pero capaz que también está bueno. Lo conocés menos, no sabés cómo va a reaccionar... No hay nada de Fabián que yo no sepa. Bueno, eso creo. ¿Cómo sería todo sin Fabián...? ¡Uy! Estoy pensando tonterías. Mejor cierro el libro y me voy a ver la tele, como dice Miriam".
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