Doy media vuelta, me sorprende un poco no tropezar y, sin volver a dirigirle la mirada, desaparezco por la vereda en dirección al estacionamiento.
Ya en el oscuro y frío cemento del estacionamiento, bajo su débil luz de tubo fluorescente, me apoyo en la pared y me cubro la cara con las manos. ¿En qué estaba pensando? No puedo evitar que se me llenen los ojos de lágrimas. ¿Por qué lloro? Me dejo caer al suelo, enfadada conmigo misma por esta absurda reacción. Levando las rodillas y las rodeo con los brazos. Quiero hacerme lo más pequeña posible. Quizá esta disparatado dolor sea menor cuanto más pequeña me haga. Apoyo la cabeza en las rodillas y dejo que las irracionales lágrimas fluyan sin freno. Estoy llorando la pérdida de algo que nunca he tenido. Qué ridículo. Lamentando la pérdida de algo que nunca ha existido... mis esperanzas frustradas, mis sueños frustrados y mis expectativas destrozadas.
Nunca me habían rechazado. Bueno, siempre era una de las últimas a las que elegían para jugar al básquet o al voleibol, pero eso lo entendía. Correr y hacer algo más a la vez, como hacer rebotar o lanzar una pelota, no es lo mío. Soy una auténtica negada para cualquier deporte.
Pero en el plano sentimental, nunca me he expuesto. Toda mi vida he sido insegura. [...]. Quizá sólo necesite un buen llanto.
¡Basta! ¡Basta ya!, me grita metafóricamente la voz de mi conciencia, con los brazos cruzados, apoyando en una pierna y dando golpecitos en el suelo con la otra. Métete en el coche, vete a casa y ponte a estudiar. Olvídalo... ¡Ahora mismo! Y deja ya de auto-compadecerte, de castigarte y toda esta mierda.
Respiro hondo varias veces, y me levanto.
jueves, 30 de mayo de 2013
martes, 28 de mayo de 2013
martes, 21 de mayo de 2013
lunes, 13 de mayo de 2013
jueves, 9 de mayo de 2013
CDM 4
Fabián salió de la casa de Paula y caminó hacia cualquier
lado. No sabía adónde iba. Tampoco le importaba. Tenía la cabeza en blanco y el
pecho apretado. Las piernas lo levaban solas, sin rumbo. Después de un rato se
encontró en la plaza, sentado en las hamacas donde tantas veces había estado
con Paula. A esa hora la plaza estaba solitaria. Se dejó llevar por el vaivén
de la hamaca.
Tiempo para pensar, había dicho Paula. Ni siquiera sabía en
qué pensar. ¿En ella? Si pensaba en Paula lo único que se le ocurría era que
tenía ganas de volver corriendo para verla. No, no era eso lo que tenía que
pensar.
Mañana no iba a poder llamarla para contarle: “¿Sabés que
caminé como un boludo y terminé en la plaza? Arreglaron la hamaca que tenía la
cadena rota, ¿Te acordás?”. Y Paula se iba a acordar y se iban a reír juntos
recordando el día en que Fabián se cayó al piso.
No, mañana no se iban a reír juntos. Ni pasado, ni pasado a
lo mejor nunca más. Tenía que pensar.
martes, 7 de mayo de 2013
Algo lindo del día: las fotos que me editó Cami de Jorge Drexler y Kevin Johansen, morí de amor http://free-editions.tumblr.com/day/2013/05/07
Y haber aprobado cosas de la facultad, aunque me perturban las otras dos materias, malísimo.
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